GRANDES EMPRENDEDORES
De niño acosado en Pretoria a primer billonario del planeta. Elon Musk emigró a los 17 años, ganó 165 millones con PayPal y arriesgó toda su fortuna en SpaceX y Tesla hasta rozar la quiebra en 2008. Veinte años después, el viernes 12 de junio de 2026, SpaceX debutó en Nasdaq por más de 2 billones de dólares y su patrimonio superó 1,1 billones. Esta es su historia.
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A los 6 años, un niño llamado Elon desapareció de una reunión familiar en Pretoria. Lo habían castigado sin permiso para ir al cumpleaños de su primo, y él no lo aceptó. Se escapó solo y caminó más de 4 horas, cruzando barrios enteros de la ciudad, hasta plantarse en la fiesta. Cuando los adultos lo encontraron, ya estaba dentro.
Casi medio siglo después, esa misma terquedad lo convirtió en el hombre más rico de la historia. El 12 de junio de 2026, las acciones de SpaceX debutaron en Nasdaq y el patrimonio de Musk superó los 1,1 billones de dólares. Es el primer billonario documentado del planeta. Entre el niño que caminó hasta la fiesta y el dueño de uno de los mayores valores de la bolsa hay una vida de apuestas extremas, fracasos públicos y una dificultad casi clínica para quedarse quieto.
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Pretoria: golpes en casa y en la escuela
Elon Reeve Musk nació el 28 de junio de 1971 en Pretoria, Sudáfrica, en pleno apartheid. Su padre, Errol Musk, era ingeniero, promotor inmobiliario y político local. Su madre, Maye Haldeman, modelo y dietista nacida en Canadá. La familia vivía en Waterkloof, un suburbio acomodado, y Elon estudió en la Pretoria Boys High School.
Sus padres se divorciaron en 1980. Elon, con 9 años, eligió vivir con su padre. Lo describiría después como la peor decisión de su vida.

En la escuela era el más joven y pequeño de su clase, callado y metido en los libros. Eso lo volvió un blanco fácil. Un grupo de compañeros lo empujó por unas escaleras de hormigón, lo patearon hasta dejarlo inconsciente y pasó semanas en el hospital. Años más tarde necesitó cirugía reconstructiva por esa golpiza.
El propio Musk ha dicho que el daño físico fue menor comparado con el de su padre. El biógrafo Walter Isaacson, que tuvo acceso íntimo a la familia durante 2 años, retrata a Errol como una figura tóxica y manipuladora que humillaba a sus hijos sin tregua. Cuando Elon salió del hospital tras el ataque en las escaleras, su padre lo regañó a él, al niño herido.
Su refugio fueron los libros y las máquinas. Leía sin parar, incluida la Enciclopedia Británica entera. A los 12 años programó un videojuego rudimentario llamado Blastar y vendió el código por 500 dólares. Su primera prueba de que su cabeza valía dinero.
A los 17 años decidió salir de Sudáfrica. No quería hacer el servicio militar obligatorio, que en ese momento sostenía al régimen racista, y veía a Estados Unidos como el centro de la tecnología mundial. Usó la nacionalidad canadiense de su madre y emigró a Canadá en 1989.
La salida: Canadá y Pensilvania
Musk empezó en la Queen’s University de Kingston, Ontario, y luego se pasó a la Universidad de Pensilvania. Allí sacó dos carreras a la vez: economía en la Wharton School y física. Esa mezcla, las leyes de la materia por un lado y la mecánica del dinero por otro, definiría todo lo que vino después.
Para cubrir gastos, él y su hermano Kimbal alquilaron una casa grande y la convirtieron en una discoteca informal los fines de semana, cobrando entrada a estudiantes.
En 1995, con 24 años, se mudó a California para hacer un doctorado en física aplicada y ciencia de materiales en Stanford. Duró 2 días. Internet estaba despegando y Musk prefirió construir empresas antes que estudiarlas.

Silicon Valley: Zip2 y el golpe de PayPal
Su primera empresa fue Zip2, un software de guías urbanas para periódicos. En 1999, Compaq la compró por unos 307 millones de dólares y Musk se llevó alrededor de 22 millones.
Reinvirtió casi todo de inmediato en X.com, uno de los primeros bancos por internet. X.com se fusionó con su rival, Confinity, dirigida por Peter Thiel y Max Levchin, y de esa unión nació PayPal.
La fusión fue tensa. En el año 2000, mientras Musk estaba de luna de miel, la junta lo destituyó como director ejecutivo. El detonante fue técnico: Musk insistía en migrar los servidores de Unix a Windows NT, algo que los ingenieros de Confinity veían como un error grave. Perdió el control de su propia empresa.
Esa derrota le dejó una lección que aplicaría el resto de su vida: no volver a ceder los votos. En SpaceX y en Tesla se aseguró, por estructura accionaria o por pura voluntad, de que ninguna junta pudiera echarlo de nuevo.
eBay compró PayPal en 2002 por 1.500 millones de dólares en acciones. Musk salió con unos 165 millones netos a los 31 años. Ya tenía con qué hacer algo mucho más caro y mucho más arriesgado.
La apuesta imposible: SpaceX, Tesla y SolarCity
Musk quería resolver dos cosas que consideraba existenciales: la dependencia de los combustibles fósiles y el hecho de que la humanidad viviera en un solo planeta. Así que metió su fortuna en proyectos que casi todos los inversores serios consideraban absurdos.
En 2001 y 2002 viajó a Rusia para comprar misiles balísticos reciclados y usarlos como cohetes hacia Marte. Lo rechazaron y le pidieron precios desorbitados. De vuelta en el avión, hizo el cálculo que cambiaría su carrera: descompuso un cohete en sus materiales básicos (aluminio aeroespacial, titanio, cobre, fibra de carbono) y vio que esas materias primas costaban apenas un 2% del precio de un cohete terminado. La conclusión fue que el alto costo del espacio no venía de la física, sino de la burocracia y los monopolios. Decidió fabricar los cohetes él mismo.
Fundó Space Exploration Technologies, SpaceX, en 2002, con la meta declarada de colonizar Marte.

En 2004 entró en Tesla. Conviene aclarar un punto que él mismo borró durante años: los fundadores originales de Tesla fueron los ingenieros Martin Eberhard y Marc Tarpenning, en 2003. Musk llegó en 2004 como inversor principal y presidente de la junta, puso la mayor parte del dinero y, cuando el desarrollo del Roadster se atascó, maniobró para sacar a Eberhard y quedarse con el control. Eberhard lo demandó en 2009 por difamación, acusándolo de reescribir la historia para adjudicarse el título de fundador. El caso terminó en un acuerdo privado y Musk conservó el título de cofundador y el relato.
En 2006 sumó una tercera apuesta verde, hoy poco recordada: SolarCity, una empresa de paneles solares que fundó con sus primos Lyndon y Peter Rive y que él presidió y financió. Tesla la absorbió en 2016 por unos 2.600 millones de dólares, una operación que varios accionistas denunciaron como un rescate a una empresa de la familia. Musk ganó el juicio en 2022.
2008: al borde de la quiebra
2008 estuvo a punto de terminar con todo. Musk había gastado su dinero líquido en SpaceX y en Tesla, acababa de divorciarse de su primera esposa, Justine Wilson, y vivía de préstamos de amigos y durmiendo en sofás ajenos. Los dos negocios se hundían a la vez. Una cuarta falla del cohete experimental Falcon 1 habría significado el cierre de SpaceX y, por contagio, la caída de Tesla.
El 28 de septiembre de 2008, el cuarto Falcon 1 llegó a órbita. Funcionó. Ese vuelo le dio a SpaceX la credibilidad que necesitaba y, en diciembre, la NASA le adjudicó un contrato de reabastecimiento valorado en unos 1.600 millones de dólares. Casi al mismo tiempo, Tesla cerró una ronda de financiación de último minuto. El imperio se salvó por semanas.
La década del escalado
La década siguiente convirtió a sus dos empresas en gigantes.
SpaceX logró lo que las agencias estatales daban por imposible de forma rutinaria: aterrizar los propulsores del Falcon 9 y volver a usarlos. El primer aterrizaje exitoso llegó en diciembre de 2015 y la primera reutilización en 2017. Con eso, el costo de llegar al espacio cayó un orden de magnitud. Después vino Starlink, una red de internet por satélite que hoy es la mayor del mundo, y el desarrollo de Starship, el cohete gigante que Musk diseñó para ir a Marte.
Tesla pasó del Roadster a una gama completa: Model S en 2012, Model X en 2015, Model 3 en 2017 y Model Y en 2020. La demanda del Model 3 forzó a casi toda la industria automotriz mundial a apostar por el coche eléctrico.
Esa misma ambición casi hunde a Tesla otra vez. Entre 2016 y 2018, Musk intentó automatizar al máximo la fábrica de Fremont para producir el Model 3, un plan que llamó internamente «acorazado alienígena». Los robots fallaban con las piezas flexibles, la línea se detenía y la empresa quemaba millones al día. Musk tuvo que admitir en público que «los humanos están subestimados», desmontar las líneas automáticas y reemplazarlas con operarios. Para vigilar la producción, instaló un saco de dormir en el suelo de la fábrica y durmió allí, a la vista de los trabajadores. Su lógica: si exigía sacrificios extremos, el equipo tenía que ver al jefe sufriendo más que nadie.
La era de la IA: de OpenAI a xAI
La obsesión de Musk con la inteligencia artificial es vieja y contradictoria. En 2015 cofundó OpenAI junto a Sam Altman y otros, como un laboratorio sin fines de lucro para que la IA no quedara en manos de una sola gran empresa. Dejó la junta en 2018 por diferencias de rumbo y, años después, demandó a la compañía cuando esta se volvió comercial y se alió con Microsoft.
En 2023 creó su propia firma de IA, xAI, con su chatbot llamado Grok integrado en su red social. Esa empresa sería, más adelante, la pieza central de la jugada financiera que lo hizo billonario.
Vida privada
La vida privada de Musk es tan intensa como su agenda. Su primer hijo con Justine Wilson, Nevada Alexander, murió de síndrome de muerte súbita del lactante a las 10 semanas, en 2002. Musk reaccionó cerrándose en banda y volcándose en el trabajo, y la pareja recurrió a la fertilización in vitro para tener después gemelos y trillizos.
Tras divorciarse de Justine en 2008, se casó dos veces con la actriz Talulah Riley, tuvo una relación pública con Amber Heard y luego con la cantante Grimes, con quien tuvo varios hijos, incluido uno de nombre X Æ A-12. También tuvo hijos con Shivon Zilis, ejecutiva de su empresa Neuralink(fundada en 2016, es otra de sus empresas: desarrolla implantes cerebrales y colocó el primero en una persona en enero de 2024). Musk ha dicho que tiene una familia numerosa y repite con frecuencia que le preocupa la caída de la natalidad.
Cómo piensa: primeros principios y Marte
El método que le permite meterse en industrias centenarias tiene nombre: razonar desde primeros principios, una idea que sacó de la física. En vez de copiar lo que ya existe con pequeñas mejoras, descompone cada problema hasta sus verdades básicas y reconstruye desde ahí. El cálculo del cohete en el avión de vuelta de Rusia es el ejemplo perfecto: si el material cuesta el 2%, el resto es ineficiencia que se puede eliminar.
Su motivación de fondo es casi religiosa. Musk cree que la ventana para que la humanidad salga de la Tierra es estrecha y frágil, y que un desastre (un asteroide, una guerra nuclear, una IA fuera de control) podría borrar toda nuestra historia. Por eso considera que el deber de esta época es hacer a la especie multiplanetaria, con una colonia de respaldo en Marte. Esa idea explica por qué no acumula lujos: reinvierte casi toda su fortuna en infraestructura.
El biógrafo Ashlee Vance describe una paradoja en su carácter. Puede despedir en segundos a un asistente leal de años si deja de serle útil, y al mismo tiempo dice cargar con el destino de toda la especie. Su ex pareja Grimes lo llamó «modo demonio»: un estado de frialdad total en el que se vuelve cruel con quienes lo rodean para resolver el problema técnico cueste lo que cueste. Musk también ha reconocido estar en el espectro autista, lo que influye en su literalidad y su falta de filtros. Walter Isaacson -su biógrafo autorizado- añade un diagnóstico más incómodo: Musk asocia la calma con el peligro y necesita el caos para funcionar. A principios de 2022 dijo en una entrevista que quería dejar de vivir en «modo crisis». Mientras lo decía, ya estaba comprando acciones en secreto para lanzar la compra de Twitter.
Twitter, política y la ruptura con Trump
En octubre de 2022, Musk compró Twitter por 44.000 millones de dólares, en parte con su dinero de Tesla y en parte con deuda que cargó sobre la propia empresa. La rebautizó como X, despidió a cerca del 75% de la plantilla, reincorporó cuentas polémicas y cambió las reglas de moderación. Las marcas huyeron. Los ingresos por publicidad se desplomaron de más de 4.000 millones de dólares al año a cerca de 2.500 millones, y la firma Fidelity llegó a rebajar el valor de su participación un 72%, dejando a la red valorada en unos 12.000 millones. Fue su peor fracaso financiero.
En paralelo, Musk dio un giro político fuerte. Donó más de 250 millones de dólares a la campaña de Donald Trump en 2024 y, tras la victoria, Trump lo puso al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), creado por orden ejecutiva el 20 de enero de 2025. Como asesor temporal, Musk recortó decenas de miles de empleos federales, desmanteló agencias enteras y dejó a personal de USAID en suspensión. La gestión acumuló reveses judiciales, cifras de ahorro infladas y choques con varios ministros de Trump. Musk redujo su meta de recorte de 2 billones de dólares a una fracción.
A finales de mayo de 2025 dejó el cargo. Lo hizo justo después de criticar en público el gran proyecto fiscal de Trump, al que acusó de disparar el déficit. La luna de miel política terminó en una ruptura abierta, con Musk publicando ataques directos contra el presidente en su propia red, incluida una insinuación sobre los archivos de Epstein.
La ingeniería financiera detrás del primer billón
La compra de Twitter dejó atrapados a varios coinversores de peso (entre ellos Larry Ellison, de Oracle, el fondo Sequoia y el príncipe saudí Al-Waleed bin Talal) que habían puesto unos 7.100 millones de dólares y veían cómo su inversión se hundía. Musk diseñó una salida en dos pasos para rescatarlos antes de salir a bolsa.
Primero, en marzo de 2025, su empresa de IA, xAI, absorbió a X en una operación íntegramente en acciones que valoró a xAI en 80.000 millones y a X en 33.000 millones. Los inversores atascados en la red social canjearon sus participaciones en caída por acciones en el sector de moda, la inteligencia artificial.
Segundo, en febrero de 2026, SpaceX compró xAI por unos 250.000 millones de dólares, formando un conglomerado de 1,25 billones antes de la salida a bolsa. Con eso, SpaceX dejó de ser solo una empresa de cohetes y satélites para incorporar centros de datos e IA generativa. El paquete quedó listo para venderse al público.

12 de junio de 2026: el día del billón
SpaceX salió a bolsa el viernes 12 de junio de 2026 en Nasdaq, bajo el símbolo SPCX. Fijó el precio en 135 dólares por acción y recaudó unos 75.000 millones, la mayor oferta pública de la historia, cerca de 3 veces el récord anterior de Saudi Aramco. La acción abrió a 150 dólares, llegó a 176,52 durante la jornada y cerró cerca de 161, una subida del 19% sobre el precio inicial. La empresa terminó el día valorada en más de 2 billones de dólares, la sexta mayor cotizada de Estados Unidos.
El formulario que SpaceX presentó al regulador mostró las dos caras del negocio. Starlink, con más de 10,3 millones de suscriptores, generó 11.400 millones de dólares en 2025 con 4.400 millones de ganancia operativa. La división de IA, en cambio, perdía dinero a gran velocidad: 6.350 millones de pérdida operativa y un gasto enorme en infraestructura. La empresa acumulaba 41.300 millones en pérdidas desde 2002. La demanda fue tan alta que solo los pedidos de pequeños inversores superaron los 100.000 millones de dólares.
Lo importante para Musk fue la estructura. Conservó cerca de la mitad del capital de SpaceX y más del 82% de los votos, gracias a un sistema de acciones de doble clase. Ningún inversor podría echarlo. Cuando sonó la campana de cierre, su parte en SpaceX valía sobre 857.000 millones de dólares. Sumado a su 13% de Tesla y a otros activos, Forbes y Bloomberg validaron un patrimonio superior a 1,1 billones.
La cifra reabrió el debate sobre la desigualdad. La organización Oxfam habló de una nueva edad dorada. La senadora Elizabeth Warren pidió un impuesto a la riqueza y criticó al regulador por aprobar la operación, recordando que un hogar promedio tendría que trabajar millones de años para reunir esa fortuna. Los mercados, mientras tanto, premiaron la unión de satélites, IA y cohetes en manos de un solo hombre.
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