En Google I/O 2026, la empresa presentó el mayor cambio en su buscador en más de 25 años: los enlaces azules dejan su lugar central a respuestas generadas por IA, modo conversacional y agentes que ejecutan tareas. Días después, el buscador pequeño DuckDuckGo reportó algo que no veía hace tiempo. Sus descargas se dispararon.
Entre el 20 y el 25 de mayo, las instalaciones de DuckDuckGo en Estados Unidos crecieron 18,1% semana contra semana en promedio, con un pico de 30,5% el 25 de mayo. En iPhone el salto fue mayor: 33% promedio y un pico cercano al 70% ese mismo día. La firma de analítica Apptopia midió un alza de 29% en descargas diarias promedio en EE. UU. y 12% a nivel global.
Hay un pequeño detalle que llama la atención. El tráfico a noai.duckduckgo.com, la página que apaga toda función de IA, subió en promedio 22,7% semanal. Eso apunta a una reacción real, no a curiosidad por una demo.
Alphabet, la empresa matriz de Google, vive de la publicidad. En 2025, los anuncios le dieron 294.700 millones de dólares, cerca del 73% de los 402.800 millones de ingresos totales de la empresa. En el cuarto trimestre, los ingresos de búsqueda y publicidad crecieron 17% hasta 63.070 millones de dólares.
Ese ingreso enfrenta una presión nueva. Las respuestas de IA contestan dentro del buscador, así que la gente hace clic menos. Cerca del 60% de las búsquedas en Google ya terminan sin que el usuario visite otra web; en consultas de noticias la cifra sube al 69%. El tráfico de Google hacia los editores cayó 33% a nivel global en el año hasta noviembre de 2025.
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Menos clics, menos espacio para los anuncios que sostienen el negocio.
La tensión es directa. Si Google deja la búsqueda como estaba, cede terreno frente a ChatGPT, que ronda los 800 millones de usuarios semanales, y frente a Perplexity. Si llena la búsqueda de IA, recorta sus propios clics. Eligió llenarla y monetizarla: los anuncios ya aparecen en 25,5% de las respuestas con IA, contra 5,17% a inicios de 2025. La apuesta cuesta caro. Alphabet proyectó entre 175.000 y 185.000 millones de dólares de inversión de capital para 2026.
Google decidió que quedarse quieto es más peligroso que canibalizarse. Prefiere pelear un espacio en el mercado de la Inteligencia Artificial y con su propia IA y conservar el control de la capa que cobra a los anunciantes, aunque eso desgaste el clic clásico que lo hizo famoso.
Cuando el líder redefine la categoría, abandona su posición anterior. DuckDuckGo se movió a ocuparla.
La empresa es chica. Tiene cerca del 2% del mercado de búsqueda en EE. UU. Su buscador corre en buena parte sobre la infraestructura de Bing, con una capa propia de privacidad y ordenamiento encima. Cobra con anuncios contextuales ligados a la búsqueda del momento, no al historial del usuario.
Su posicionamiento de marca da el control al usuario. DuckDuckGo ofrece IA opcional: su producto Duck.ai conecta modelos de OpenAI, Anthropic, Meta y Mistral, y una función llamada Search Assist genera resúmenes al estilo de Google. La página noai.duckduckgo.com apaga todas esas funciones por defecto. El usuario decide.
El CEO Gabriel Weinberg resumió su mensaje en una frase: Google está «imponiendo la IA sin opción de desactivarla«. Es la misma postura que Weinberg lleva años repitiendo. En el juicio antimonopolio de 2023 testificó que los contratos de Google para ser buscador por defecto le impidieron a DuckDuckGo ganar ese lugar en otros navegadores.
Hay una asimetría de modelos que explica buena parte de la jugada. Google cobra por el clic que manda a los anunciantes, así que cada respuesta de IA que retiene al usuario choca con su propio ingreso. DuckDuckGo cobra por anuncios pegados a la consulta del momento, así que una respuesta de IA opcional no le quita dinero. La misma función que le pesa a Google a DuckDuckGo le resulta barata.
Qué significa esto para Google? En participación de mercado, el susto es pequeño. DuckDuckGo tiene 2%; Google ronda el 90%. Un pico de descargas de una semana, atado a un solo evento, no prueba una migración duradera. Quizá sea el enojo de un fin de semana que se enfría en junio.
Hay un dato más lento que sí debería preocupar a Google. Su cuota de búsqueda bajó de 92,9% en 2023 a cerca de 89,6% a mediados de 2025, la caída más fuerte de su historia.
A eso se suma la presión legal. En 2024, un tribunal federal de EE. UU. falló que Google mantuvo de forma ilegal su monopolio en búsqueda, y a fines de 2025 llegaron remedios que limitan sus acuerdos de exclusividad. El terreno se mueve justo cuando la empresa reescribe su producto central.
El problema de marca para Google. Construyó su nombre sobre una promesa simple: escribe algo, recibe los mejores enlaces, rápido. Si una parte de los usuarios empieza a asociar a Google con respuestas de IA infladas y con menos control, le deja la puerta abierta a un competidor chico para quedarse con esa promesa original. DuckDuckGo apuesta justo a eso: que una búsqueda que todavía se comporta como una búsqueda tiene mercado.
El movimiento de Google tiene sentido financiero para Google. El problema es que la IA en la búsqueda resuelve un costo y abre otro: cede, aunque sea de a poco, su espacio mental de «el mejor buscador de internet». Ese terreno queda disponible. Por ahora, DuckDuckGo es quien levantó la mano para reclamarlo.
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