Argentina o cómo ganar sufriendo- Artículo de opinión -

Argentina ganar sufriendo Mundial

El primer título mundial de Argentina se salvó por el grosor de un poste. 25 de junio de 1978, estadio Monumental, minuto 90 de la final. El partido con Países Bajos está 1-1 y Rob Rensenbrink, solo dentro del área chica, estira la pierna ante un centro largo. Fillol no llega. Un país entero deja de respirar. La pelota pega en la base del palo derecho y sale. En la prórroga, Argentina gana 3-1 y levanta su primera Copa. Nadie lo sabía entonces, pero ese centímetro acababa de fundar una tradición argentina: la de ganar cuando todo parece perdido.

48 años después, este 7 de julio de 2026, la escena se volvió a repetir. Argentina perdía 2-0 con Egipto en los octavos de final del Mundial, en Atlanta. Messi había fallado un penal. Quedaban 23 minutos y el tricampeón del mundo estaba eliminado. Increíblemente, lo dio vuelta con un cabezazo de Cuti Romero a los 79, una volea de Messi a los 83 y un cabezazo de Enzo Fernández a los 93: 3-2 y a cuartos de final. En cualquier otro país, el partido del siglo. En Argentina, un martes.

La pregunta es inevitable: ¿se trata de una simple coincidencia o recordamos más el sufrimiento de Argentina porque ha sido más intenso que el de otras selecciones?

La historia mundialera nos muestra los datos. Argentina jugó 93 partidos de Copa del Mundo desde 1930 y ganó 58, contando prórrogas y penales. 35 de esas victorias -el 60,3%- se definieron por un solo gol, en tiempo extra o por penales. Es la selección que más tandas de penales disputó en la historia del torneo: 7, y la que más ganó: 6. Y desde este mes comparte con Alemania el récord de prórrogas jugadas en mundiales: 12. Ninguna potencia acumula tantas situaciones límite. Ninguna las resuelve mejor.

En Mexico de 1986 quedó reducido al brillo de un solo hombre. Pero incluso en el partido más asociado al genio de Maradona -la mano de Dios y del gol del siglo ante Inglaterra- hubo espacio para el miedo: el descuento de Lineker y aquella salvada de Olarticoechea recordaron que Argentina también tuvo que sufrir para seguir avanzando.

En la final, Argentina le ganaba 2-0 a Alemania hasta que dos córners la empataron en 7 minutos. Hubo que esperar al minuto 84, un pase vertical de Maradona y la carrera de Burruchaga, para el 3-2 definitivo. La era más dominante de la historia argentina terminó pidiendo la hora.

La identidad también se reconocía en las derrotas. En 1990, la Argentina de Maradona llegó a la final ganando 2 tandas de penales seguidas gracias a las manos de Goycochea, y la perdió con un penal a los 85 ante Alemania. En 2014 le ganó a Suiza con un gol a los 118 minutos, a Bélgica defendiendo un 1-0 durante 80, a Países Bajos por penales tras 120 minutos sin goles, y cayó en la prórroga de la final nuevamente conta el equipo alemán. Argentina puede sufrir y perder. Ganar sin sufrir, casi nunca.

Qatar 2022 debía ser distinto. Scaloni había construido el equipo más maduro en décadas, uno que presumía de defenderse con la pelota. Empezó perdiendo con Arabia Saudita. Le ganaba 2-0 a Países Bajos y se lo empataron en el minuto 11 del descuento. Ganaba 2-0 la final y Mbappé anotó 2 goles en 97 segundos. Volvió a tomar ventaja en la prórroga, volvieron a alcanzarlo, y el título llegó por penales. Dibu Martínez lo resumió esa noche: «Hay que saber sufrir… sabemos que vamos a sufrir de nuevo».

El Mundial actual parecía la excepción: 3-0, 2-0 y 3-1 en la fase de grupos, sin sobresaltos. Duró hasta los cruces. El 3 de julio, en Miami, Cabo Verde, un país de medio millón de habitantes, empató 2 veces y llevó al campeón a la prórroga; Argentina recién ganó 3-2 a los 111 minutos, con un desvío del defensor Diney Borges hacia su propio arco. Era el partido 100 de Scaloni al frente del equipo y sus palabras sonaron a confesión: «¿Qué significa ser Argentina? Lo de Argentina es saber sufrir y no dar una por perdida». 4 días después llegó Egipto, y ya sabemos cómo terminó.

Un escéptico diría que todos los campeones sufren, y tendría razón. Brasil ganó la final de 1994 por penales, Italia la de 2006, Alemania la de 2014 en la prórroga. La diferencia, quizá, no esté en el sufrimiento, sino en su frecuencia y en su intensidad. Brasil llegó a Qatar tras unas eliminatorias de 40 goles a favor y 5 en contra; Argentina, también invicta, con 27 y 8. Alemania prefiere cerrar los partidos antes de los penales, y por eso jugó la mitad de tandas. Argentina las coleccionó.

Hay un dato mas: Argentina jamás resolvió antes del minuto 84 una final que terminó ganando. En 1978 necesitó la prórroga. En 1986, el gol de Burruchaga a los 84. En 2022, los penales. Sus 3 coronaciones son la misma película con distinto elenco.

La explicación menos visible está en cómo se forma el futbolista argentino: un entorno donde el error se paga caro, con una prensa feroz y un país que canaliza sus urgencias a través de la camiseta. Esa presión, cruel durante la formación, fabrica jugadores con un umbral de tolerancia altísimo cuando llegan a la élite. De ahí que la confianza de figuras como Dibu Martínez no parezca una pose, sino la consecuencia de una experiencia repetida: haber salido adelante una y otra vez alimenta la convicción de que siempre existe una salida. Los que remontaron en Atlanta crecieron mirando las remontadas de Qatar; los de Qatar, la de México; los de México, la del poste de Rensenbrink en Argentina 78. Con el paso de las décadas, el sufrimiento dejó de percibirse como una excepción. Terminó convirtiéndose en una parte reconocible de la identidad competitiva de la selección argentina, una herencia que parece viajar de generación en generación con la camiseta.

El sábado 11 de julio espera Suiza en los cuartos de final. Nadie imagina un partido tranquilo y se da casi por descontado que habrá sufrimiento. Asi es Argentina, un pais que nunca creyó del todo en esa clase de victorias cómodas.

 

Si te gustó este contenido, suscríbete a nuestro Newsletter y recibe más artículos como este en tu correo. Es gratis y puedes darte de baja cuando quieras.